Hubo un antes y un después del abandono de Fernando Alonso en Montmeló. El “antes” vino por la euforia provocada por el segundo puesto en la clasificación del sábado. El R28 había mejorado espectacularmente gracias al “ala de tiburón” y a una serie de retoques en el motor. El Nano le estaba echando huevos y todos se frotaban las manos ante la posibilidad de que el bicampeón del mundo lograse un podio en el circuito catalán humillando al calimero de McLaren. El “después” fue la realidad del domingo. Alonso no salió demasiado bien y Massa le adelantó antes de la primera curva. Al salir con una carga de carburante inferior a sus contrincantes, perdió al repostar otros dos puestos frente a Kubica y Hamilton. Y la carrera se convirtió entonces en un monologo de los dos Ferrari que se dieron un paseo hasta el banderazo final. Kovalainen protagonizó el incidente más destacado al estamparse contra el muro de neumáticos a 250 Km./h tras reventarle una rueda que le hizo perder el control. Y fue a mitad de carrera cuando de repente el R28 se paró. Todos pegamos un grito. No podía ser. El Nano bajó del coche y se acercó a la grada a saludar a los fans que le jaleaban pese a todo. Había mujeres llorando. Muchos decidieron que ya se había acabado la carrera y decidieron irse. El bajón fue total y absoluto. La gente dejó de estar. Fue como si alguien hubiese apagado la luz. Para muchos, la carrera se acabó ahí con el abandono del Nano y fueron muchos los que decidieron marcharse. Al final Kimi primero, Massa segundo y Hamilton que no hizo ningún adelantamiento a lo largo de la carrera, quedó tercero. Para mi gusto, el retoque en el motor del R28 propició su rotura a pesar de la mejoría en los tiempos, y ya veremos que ocurre en próximas carreras. El Nano sigue trabajando y lo esta haciendo de manera humilde. Ya quisiera cualquier piloto de cualquier escudería tener la afición que tiene él. Para ser la primera vez que acudía a una carrera de Formula 1 en Montmeló, se me hizo bastante monotona y soporífera. Podéis llamarme comodón si queréis, pero donde esté ver la carrera en la tele, con Lobato peloteando al Nano, a la hora del aperitivo con tu tapita y tu cervecita, y con toda la comodidad del mundo… Podría seguir contando la historia de cómo tardé casi dos horas en poder salir de Montmeló, pero mejor lo dejo aquí…
