Bar Paco

Desde que sufrió aquella embolia y quedo postrado en una silla de ruedas había perdido las ganas de vivir. Más de una vez cuando le visitaba me decía “para estar así, mejor acabar ya“. Vivió la guerra y presumía de haber quemado iglesias. Era ateo convencido. Supo sobrevivir a la dictadura y no le fue mal haciendo mercadillos. Gastaba mucho genio y caracter y era fácil que terminase gritando por todo, pero a mi me parecía un cascarrabias encantador. Teniamos cierto feeling y nos respetabamos. Le gustaba con locura cocinar. Era su gran pasión, siempre cocinaba él. Pero en su misma casa no podía entrar en la cocina. Se fue apagando poco a poco como una velita. Tenía 82 años, estaba inválido pero con la cabeza muy lucida. Necesitaba la constante ayuda de un boliviano que se encargaba de cuidarlo noche y día. Imaginalo por un momento. Así durante más de cinco años. Esperando el final. Y ayer su cuerpo decidió acabar ya con la espera. Creo que murió durmiendo. Echaré de menos aquellos momentos cuando le rapaba el pelo con la maquinilla, y a cambio él me pagaba con un trozo de queso manchego. Estoy seguro de que ahora esta disfrutando en un sitio mejor. Ya no hay sufrimiento. Donó su cuerpo a la ciencia y no habrá ningún acto ni entierro por expreso deseo suyo. Yo estoy sólo, y en la calle llueve a cantaros. Y ahora voy a emborracharme.

Deja una Respuesta


Bar Paco trabaja con WordPress. Copyright © Bar Paco . Todos los derechos reservados.