Después de la carrera de Bahreim va quedando claro ante todo el mundo quien es el calimero de McLaren: Lewis Hamilton es el niño mimado más patético de la Formula 1. Un piloto incompleto, mediocre y realmente consentido. Al inglés lo de acelerar se le da bien porque conduce un verdadero misil con ruedas, pero cuando se acelera demasiado también hay que frenar, sobre todo si se conduce de una manera tan agresiva. Haciendo pole en la clasificación y luego corriendo a fondo en la carrera sin nadie delante es fácil tenerlo todo hecho. Algo muy diferente es cuando no se hace una buena clasificación, o cuando el coche se queda clavado en la salida como le ha ocurrido hoy en la última carrera en el desierto de Bahreim. Entonces sale a relucir el verdadero piloto que es. Nerviosismo. Ansiedad. Precipitación. Inconstancia. Irregularidad. Errores de principiante. Se nota que no se ha curtido en escuderías inferiores, trabajándose y ganándose el puesto de piloto como si que hicieron Alonso o Raikkonen. Algunos han afirmado demasiado alegremente que el calimero de McLaren es el sucesor de Schumacher. Claaaro. El viernes destrozó el coche en la clasificación. Hoy hizo una salida de verdadero pardillo perdiendo un montón de puestos, y para terminar con su fin de semana más ridículo embiste como un kamikaze por detrás a Alonso. A Hamilton se le nota que tiene un pequeño problema de celos con el bicampeón del mundo. En la última carrera del año pasado perdió los papeles (y el campeonato del mundo) ante el Nano de la misma manera que los ha perdido hoy. Y en esta temporada en McLaren le toca a él hacer los reglajes y ya no tiene a quien copiar las telemetrias. El tiempo pone a todo el mundo en su lugar. El calimero de McLaren no tiene madera de campeón. Y me veo a Kovalainen mojándole la oreja próximamente a su compañero de equipo. El negro no puede, el negro no puede… (Información cedida por desfase.es) …
